La imposición del perreo

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«Viene viene o la no reivindicación del reggaeton»

Fernando Reyes Trinid

El chavo de ojos rojos, de verdad rojos, es invitado a cantar sus rolitas en TV por internet. Sueña y, por un momento, deja la mona.

¿El reggaeton tiene que reivindicarse? ¿Con quién, de qué, para qué? Según la etimología, reivindicar tiene que ver con una especie de venganza de buena intención. No. Ninguna música se reivindica porque, paradoja como las hay tantas, ya es, ya se escucha, ya se disfruta, y en el caso del reggaeton, por millones en el mundo entero, desde Francia y Japón hasta las Antillas, Latinoamérica y el pueblo más recóndito de la República Mexicana.

El chavo de ojo bermejo se apura a mover su franela color ídem, 5 varos por coche, con 15 o 20 propinas ya sale pal chivo, hoy se decide a echarle los kilos para comprarse su micro en Steren y que su ‘flow la rompa’ a la hora de grabar en su austero estudio casero.

La cultura ‘chaka’, como la del narco, ha escalado niveles insospechados. El narco se codea con los gobernantes y hasta puede convertirse en uno de ellos, del mismo modo que el chaka-star de Ecatepec o Neza, puede aspirar a estudiar Relaciones Internacionales en la IBERO o, por qué no, ser la estrella principal en una entrega de Grammys o premios Oscar.

“Viene viene viene” son las palabras de la chamba, pero quizá esta tarde, ora sí, a la gaver la bandita, ora sí se sentará a hacer su mezcla y a mandarla por mail desde un ciber café por allá en los ghetos de Iztapalapa. Cruza los dedos, hasta se promete dejar el vicio si la disquera le da el visto bueno.

Bad Bunny era un “cerillito” empacando víveres en las cajas de una cadena popular de tiendas de abarrotes en Puerto Rico. Hoy su fortuna casi alcanza la de la Madonna, en menos de seis años gracias al fenómeno de las redes digito-sociales. La música y los artistas hoy dependen de los managers, de la mercadotecnia, la oferta, la demanda y, por supuesto, el consumo de su música, de su imagen y parafernalia en torno suyo. ¿Y cuando no fue así?

Fue aceptada su composición y Ojirojo va a celebrar con sus cuates. Hoy no se quiere poner hasta la madre porque mañana tiene que ir a la disquera a hablar con su futuro manager.

Las palabras culo o nalga ya las usaban Góngora y Quevedo. El reggaeton incorpora a sus letras híbridos lingüísticos del habla hispanoamericana, incluso el inglés urbano, combinada con metaplasmos, apócopes, calambures, retruécanos y giros idiomáticos característicos de las regiones más locales y olvidadas por las exquisiteces de la Academia de la Lengua.

El viene-viene se llama Johann Rz y ha empezado a grabar su rola. El manager lo asesora y acuerdan una mezcla de palabras entre perreo y guateque. “Perreketeke” sorprende con su flow y las millones de views. Unos polis suben a TikTok sus fotos con armas largas, aparecen en “Venga la Alegría” y son suspendidos de sus servicios. Se viraliza. El poli de Chimalhuacan está galán. Se hace famoso.

Johann Sebastian Bach o Wolfang Amadeus Mozart fueron criticados por incorporar manifestaciones populares en su música. Nadie lo creería pero las pavanas y arias simplemente se conocían, de manera despectiva, como Lieder (canciones). La Sexta Sinfonía de Beethoven, “La Pastoral” fue vituperada por usar leitmotivs musicales de los aldeanos. El tango, el danzón, el rock, el blues, el jazz, el twis, la batucada, el merengue, la lambada y muchos ritmos más fueron juzgados por cuestiones morales, raciales, religiosas, clasistas.

“No mames, no lo puedo creer”, brinca de gusto Johann cuando le avisan que su Perreketeke está en el Top 10 internacional de éxitos sonados en TiktoK. El chakalón que pudo haber sido exalumno del Cecehache Vallejo hoy compite con Danna Paola, Santa Fe Klan y Christian Nodal y está, no mames, arriba de «Lo Siento BB :/» de Julieta Venegas con Bad Bunny.

Mircea Eliade sostiene que la música es danza, y ésta es ritmo, y éste es tambor, que es madera. En esta lógica secuencia la música originaria -la africana o la bereber, la colombiana o portorriqueña, la aimara o la jarocha- es el retumbe de las congas, el percutir de la teclas, el pálpito del corazón, el brinco de la emoción, el repique de los remos y canoas, picos y palas, el clap clap de la comunidad. Y ante esto no hay cuerpo que se resista.

Johann, que ya dejó la monalisa y consiguió una chamba en la feria de Fray Servando, sabe que hoy ya superó a muchísimos artistas que invierten millones de pesos en sus campañas en el género de reggaeton (cuando él sólo tuvo que poner su talento-barrio), sabe que si le pagan bien igual y regresa al Cch y le compra su herramienta a su papá y paga las deuda del negocio de su mamá. Está feliz meneando los juegos mecánicos y escuchando su rolón en los altavoces de la feria.

¿El reggeaton tiene que reivindicarse? No. Nadie reivindica la música, el baile, el gozo, la fiesta. Así como nadie reivindica a los negros, a los latinos, a los asiáticos en Estados Unidos, a los pobres de todo el mundo, a los pueblos originarios del mismo país de origen. Ellos, ellas encuentran su lugar, sus expresiones culturales, y se van IMPONIENDO, colocando, posicionando donde deban estar.

@mr..0

Para los que se lo preguntaban así fue 💖 @louisvuitton X @dazed

♬ Perreketeke – Johann Rz & Amador D’ & Rvndy Retros

Johann nunca creyó llegar hasta ahí. Tan sólo hace unos añitos veía en las teles de Elektra los videos de J Balvin, Maluma, Anuel AA en la playa, en sus mansiones, entre autos de lujo y jóvenes que se desinhiben y se extasían.

Con el éxito de Johann se hacen Tik Toks en todas partes: con los cargadores de la Merced, los fayuqueros de Tepito, los pescaderos de La Viga, la botargas de calle Madero y los que arreglan celulares en Vizcaínas. Johan fantasea en juntar sólo un varo pa comprarle su casita a sus jefes, afianzar sus negocios y quizá estudiar derecho.

Su sueño está por hacer se realidad, por hacerse fantasía.

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